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O. J. Simpson, la caída de una estrella

O. J. who? Fuente: Fox News El nombre de O. J. Simpson es uno de los que más titulares han recibido desde hace ya varias décadas. Excelente jugador de la NFL, estrella tanto en el cine como en la pequeña pantalla y, finalmente, envuelto en un caso por el asesinato de su exesposa y del amante de esta. Sin duda, una figura en la que merece la pena detenerse.

Los orígenes del mito

El 9 de julio de 1947 nacía O. J. Simpson en la ciudad de San Francisco. Sus primeros años de vida poco hacían imaginar lo que iba a deparar la turbulenta trayectoria de esta estrella que hasta no hace tanto cumplía condena en un penal de los Estados Unidos. Abandonado por su propio padre cuando no contaba más de 5 años, Simpson sufrió problemas en sus piernas debido a la malnutrición. Estas se deformaron por falta de minerales y vitaminas, un problema que tenía como solución una costosa operación que de ninguna forma podía pagar su empobrecida familia. En lugar de esto, su madre le obligó a emplear un pesado artilugio ortopédico. El resultado no pudo ser mejor, ya que O. J. se convirtió en un fenómeno deportivo al contar con uno de los trenes inferiores más poderosos del momento. Es más, su carrera en la NFL no tardó demasiado en despegar, y es que tenía la capacidad de correr más rápido y mejor que cualquier otro jugador de los que hayan pasado por las verdes pistas de la liga de fútbol norteamericana.

Alcanzando la fama

Tras una dura infancia y unos años de adolescencia que incluso le harían pasar alguna semana en la cárcel por el robo de una licorería, O. J. Simpson consiguió explotar todo su talento y convertirse en una leyenda del deporte. En 1968 se hizo con el trofeo Heisman y en 1973 consiguió el título de jugador más valioso de la NFL. Tras su retirada, el jugador entró en la selecta lista del Salón de la Fama de la NFL, un hito que consiguió especialmente ser aún hoy el único jugador capaz de correr más de 2000 yardas en una misma temporada regular. Pero, al contrario de lo que sucede con muchas estrellas del deporte, la fama de Simpson no se difuminó cuando dejó de dar carreras por los estadios de la liga. Al contrario, el jugador tenía muy claro que quería seguir en lo más alto de los índices de popularidad, por lo que se lanzó a una carrera en Hollywood que le depararía aún más reconocimiento que el que había tenido como estrella del balón. Títulos como “Capricornio Uno” o “Infierno en la torre” tuvieron un buen recibimiento por parte del gran público. De ahí a la publicidad, y es que en buena parte de los años 80 y 90, Simpson fue todo un reclamo publicitario para grandes marcas que pusieron su rostro en sus productos buscando aumentar sus ventas y su popularidad. Pocos se podían imaginar que la suerte de Simpson estaba a punto de cambiar. Es más, el jugador se vería arruinado en poco tiempo perdiendo gran parte de su fortuna viviendo una espectacular caída que le llevó en 2007 a robar en un popular local de juego de Las Vegas, algo que no habría sucedido si hubiese decidido emplear su tiempo libre y probar fortuna en un moderno casino online repleto de juegos que hubiesen distraído su mente. Nicole Brown O.J. y Nicole Brown      Fuente: pinterest.com

Un mito convertido en asesino

Sin embargo, la fama no suele durar para siempre. El caso de O. J. es posiblemente uno de los que mejor pueden explicar cómo una figura reconocida por una gran carrera deportiva y que después se ha convertido en icono para muchos termina hundiéndose de forma irremediable. La caída comienza un 13 de junio de 1994. Simpson, que por entonces era una de las personalidades más aplaudidas de los Estados Unidos, tuvo que pasar por el juicio al que lo sometió todo el país. Los cuerpos de Nicole Brown, esposa del antiguo jugador de la NFL, y de Ronald Goldman son encontrados con signos evidentes de violencia en una casa situada en Brentwood, un barrio de Los Ángeles. ¿Cómo podía esto dañar la imagen de Simpson? La pareja llevaba ya divorciada unos años por “diferencias irreconciliables”, por lo que ya no mantenían ninguna relación directa. En un principio, el caso saltó al gran público por tratarse de la exmujer de O. J. y por lo enigmático de la situación. La violencia aplicada había sido tanta que rozaba lo macabro. Por ejemplo, Brown había recibido numerosas puñaladas en su cabeza y su cuello, un ensañamiento que no parecía habitual en este tipo de crímenes. El problema para el exjugador de la NFL vino cuando la policía comenzó a atar ciertos cabos. Por ejemplo, en el domicilio en el que se produjo el crimen se halló un gorro de lana que parecía pertenecer al hijo de O. J. y un único guante manchado de sangre. Además, cuando la policía visitó la casa del famoso para informar de lo sucedido, pudieron comprobar que Simpson tenía un Ford Bronco de color blanco manchado de sangre tanto en el interior como en el exterior. Pero O. J. no estaba en casa. Según parecía, la noche anterior había tomado un vuelo hacia Chicago. Para sorpresa de todos, antes de abandonar la propiedad del jugador, otro guante ensangrentado apareció y resultó ser la pareja del encontrado en la escena del crimen. Así, las cosas para O. J. Simpson no podían pintar peor.

Arresto y juicio

Ante la inmensa cantidad de evidencias, los abogados del jugador pactaron con las autoridades su entrega para no empeorar las cosas. Pero parece que O. J. tenía otros planes, y es que nunca se personó a la hora convenida provocando que los agentes tuvieran que dar una orden de búsqueda que terminó en una espectacular persecución por la Interestatal 405. El coche, conducido por Al Cowlings, llegó a tener tras de sí a más de 20 vehículos de policía y 9 helicópteros, lo que hizo que la prensa pudiera retransmitir el evento a todo el país alcanzando unos 95 millones de espectadores. Tras 80 km de persecución, Simpson terminó por entregarse a las puertas de su casa contando con una pistola cargada, un pasaporte y una barba y bigote postizos. Terminado el espectacular arresto, llegaba el turno para el mediático juicio. Después de todo lo que había sucedido, parecía imposible que O. J. no fuese el culpable de este misterioso caso, aunque esto fue lo que realmente sucedió. Conviene pararse un momento a valorar las pruebas para ver lo enrevesado de la absolución de Simpson. El coche que se encontró en su casa tenía restos de sangre de Brown y Goldman, en la camiseta de este último había restos de pelo de O. J., el guante encontrado en la casa donde se produjo el asesinato también tenía restos biológicos de los tres… En definitiva, una serie de pruebas que parecía llevar directamente a la ex estrella de la NFL al corredor de la muerte. Por su parte, Simpson se declaró “100 % no culpable” como él mismo diría. Ante este panorama, el jurado terminó por declarar inocente al acusado. La realidad es que la policía y los abogados de la acusación no pudieron pasar de crear una duda razonable sobre la participación de O. J. en el crimen sin llegar nunca a demostrar completamente su implicación. Así, O. J. salió libre tras el juicio, aunque su vida nunca volvió a ser la misma. A surreal car chase Fuente: USA Today

La ruina y un crimen que nunca se resolvió

Que el de O. J. es uno de los casos misteriosos más publicitados de la historia es algo de lo que nadie duda. La realidad es que el acusado terminó siendo absuelto, aunque la verdad es que su paso por el banquillo de los acusados acabó con su fama. Las marcas publicitarias que antes confiaban en él le retiraron su apoyo y su carrera como estrella del cine estaba completamente acabada. Simpson pasó por la pérdida de todas sus posesiones y acabó dando con sus huesos en la cárcel después de robar en un casino. Con todo, el asesinato de su exmujer sigue siendo aún hoy todo un enigma que ha creado muchas teorías alrededor. Por ejemplo, la implicación de la mafia o la relación que el mundo de la droga podía tener con la exmujer de Simpson. Es más, muchos han dicho que fueron los criminales que se relacionaban con Denise Brown los que mataron a la pareja e implicaron a O. J. como una forma de chantaje. La realidad es que el asesinato sigue sin tener un culpable habiéndose convertido ya en una de las grandes leyendas negras de la historia de los Estados Unidos.


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