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¿Por qué hay personas que cometen fraude?

El fraude es un delito común. Fuente:Nick Youngson Engañar es casi tan antiguo como la propia humanidad. En cada época nacen nuevos métodos que intentan superar las barreras que, lógicamente, imponen las empresas para evitar este problema, algo que, pese a tener cierto éxito, no termina por eliminar de una vez el fantasma del fraude en cualquier sector.

Algunas cifras

Según un estudio publicado en fechas recientes sobre el fraude y el delito económico durante el pasado 2018, el 54 % de las empresas españolas vivieron algún intento de fraude externo o por parte de sus empleados. Las cifras no son para nada desdeñables, y es que estamos hablando de más de la mitad de las compañías que operan en el país en cualquier actividad. Esto ha provocado que muchas empresas se pongan las pilas al respecto. Sectores como el de los casinos online han reforzado su seguridad para que sus usuarios puedan disfrutar de plataformas completamente seguras implementando sistemas de análisis del comportamiento de los dispositivos conectados a su red, y es que es aquí donde se producen los principales problemas de seguridad. Con todo, el mismo estudio que hemos señalado antes ofrece otro dato preocupante: el 50 % de los intentos de fraude proceden de los mismos empleados de las empresas, y es que hay veces en las que el enemigo está más cerca de lo que pensamos. Las estafas y los hackers en línea son muy comunes. Fuente:Methodshop

El triángulo del fraude

Hace algunos años, Donald Cressey formuló una teoría sobre el fraude que hoy es aceptada por la mayoría de los expertos. Esta considera los intentos de engaño económico como una combinación de tres factores que sirven para explicar las razones que tiene una persona, especialmente el empleado de una empresa, para jugárselo todo y lanzarse a cometer esta actividad delictiva. El primero de los vértices de este triángulo no es otro que el de la percepción de la necesidad. Aquí, una persona con problemas financieros se encuentra alejado de cualquier otra salida y, por lo tanto, decide que el delito en forma de fraude es lo único que puede ayudarle a alcanzar sus objetivos. Problemas como no poder pagar las facturas, tener una deuda que exceda a los ingresos o adicciones de todo tipo son las que se esconden tras esta percepción de necesidad de ingresos. Una vez advertida esta necesidad, el segundo vértice del triángulo es el de la oportunidad. Es decir, el futuro defraudador busca en su entorno la forma de cometer el delito que le lleve a solventar los problemas financieros que tiene de una vez por todas. Lo normal es que este se produzca abusando de la confianza que puede haber ganado en su empresa a través de un robo directo o de cualquier otra manipulación que conlleve su beneficio.

El tercer vértice del triángulo del fraude

¿Por qué hemos separado el tercer elemento de esta teoría de los demás? Pues porque creemos que es el más importante de todos. Cuando el futuro delincuente percibe la necesidad y crea la oportunidad, lo normal es que tuviese conciencia de estar cometiendo un delito. Sin embargo, los estudios demuestran que esto no es así. El tercer vértice del triángulo es el de la racionalización, y es que los defraudadores se ven siempre a sí mismos como personas normales e incluso honestas que tienen derecho a hacer lo que están haciendo. Es más, el defraudador suele ser alguien que nunca ha cometido un delito y que considera que su empresa o cualquier otra le debe algo. También entran aquí otras justificaciones como la necesidad familiar o un salario no ajustado a sus esfuerzos y virtudes, todo con tal de evitar la responsabilidad personal de un acto que trae de cabeza a miles de empresas.


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